La promoción 2003-2018 pone fin a su etapa como alumnos del Cisneros

Los integrantes de la promoción 2003-2018 de nuestro Colegio celebraron el pasado sábado, día 16 de junio, su acto de graduación en el que pusieron fin a su etapa como alumnos en el Cisneros, aunque, en alusión al discurso que pronunciaron sus representantes en la ceremonia de despedida, bien podría decirse que estos 54 jóvenes alcanzaron la casilla final de un singular juego repleto de retos, sorpresas y recompensas en el que se convirtió su paso por nuestro Centro y que, finalmente, han  logrado superar con éxito.

Nuestro salón de actos, repleto de familiares, profesores y otros miembros de la comunidad educativa acogió el esperado evento que comenzó con las palabras de Irene García García y Alba Gálvez Macías como portavoces de sus compañeros de 2º de Bachillerato.

Así, usando como símil el tablero del juego de la oca, por el que han ido poco a poco avanzando durante los últimos 15 años, recordaron sus primeros días en la Escuela Infantil donde emprendieron su vida estudiantil y se conocieron la mayoría de ellos, con ese patio lleno de ruedas de colores, un tren en el que tantas veces se montaron y el inconfundible canto de los canarios nada más descender por las escaleras de la entrada.

A continuación, rememoraron el cambio, unos años después, al “Cole grande”, siendo los encargados de estrenar las instalaciones de Infantil de Valle Tabares. A partir de ahí, enumeraron una sucesión de acontecimientos como “las divertidas coreografías de carnaval, las actuaciones de las semanas culturales, los festivales de villancicos, los concursos de corcheras, el paso de escribir con lápiz a hacerlo con boli, e incluso, momentos de mucho sacrificio sudor y lágrimas como el momento de entregar la notita del comedor en casa”.

Igualmente, se refirieron a “la parte complicada del juego”, la “temida casilla de la adolescencia”, que coincidió con el paso de Primaria a Secundaria; un periodo que definieron como “un tumulto de emociones y sentimientos que se entre mezclan con la presión de las clases y la tensión con los profesores”, en definitiva, una fase de rebeldía llena de tretas para perder tiempo y de “un comportamiento alocado que hacía perder la cabeza a más de uno”

De esos años,  destacaron también “las bromas, las actividades de los días temáticos, las excursiones y los viajes”.

Avanzando en la partida, casilla a casilla, mencionaron también la llegada de 4º de ESO, y con ello un paso más hacia la madurez donde “ya los profesores no eran los malos y comenzábamos a verlos como personas más cercanas, en los que confiar”, apostillaron.

Sobre la última etapa de su trayectoria estudiantil en el Cisneros aludieron a las mejorías del Centro como la incorporación de pizarras digitales, la posibilidad de trabajar con ordenadores portátiles, etcétera, pero también del miedo a la EBAU, que finalmente todos lograron aprobar.

Final de la partida

Con todos estos ingredientes, subrayaron que este juego “ha sido divertido, emocionante, excitante, ilusiónate, difícil por momentos y frustrante en ocasiones, como la vida misma”, pero, pese a todo, “la partida ha acabado bien”.

En este sentido, apuntaron que “los valores que nos han enseñado han hecho posibles que a día de hoy seamos quienes somos”, al tiempo que expresaron su gratitud a todo el profesorado “por habernos ayudado a construirnos como personas y por haber formado la base que nos permitirá seguir creciendo y seguir luchando por nuestros sueños”.

Los agradecimientos se hicieron también extensivos a los padres y familiares y a los compañeros de juego con los que se ha generado un vínculo que los mantendrá unidos para siempre.

A modo de conclusión recalcaron que “después de tanto tiempo aquí posiblemente nos de miedo salir de esta burbuja, pero sabemos que somos capaces de afrontarlo igual de bien que esta última etapa. Además, sabemos que cuando estemos faltos de apoyo siempre nos quedará volver aquí, donde nos abrirán sus puertas y nos recibirán con un abrazo cálido y sincero en el interior.

Tras el aplaudido discurso, tomó la palabra el profesor Andrés Suárez Pestano, encargado este año de impartir la ya tradicional última lección que, en esta ocasión, se centró en la evolución humana, y que sirvió como pretexto, para hablar de la progresión de los alumnos de esta promoción, de cómo han ido creciendo, adaptándose a todas las situaciones y trances que han tenido que sortear y de cómo han ido adquiriendo y reforzando una serie de valores que el Cisneros les ha inculcado entre los que destacan la amistad, la solidaridad y la empatía, el entusiasmo, la creatividad y el afecto.

Al respecto, y con una exposición cargada de sentimiento y aderezada con muchas anécdotas, el que ha sido su profesor de Biología, señaló que  “Ya a su corta edad, han hecho mucho bien a otras personas. Estos son otros valores que han aprendido y que me consta que atesoran en su interior y que jamás deben olvidar”.  A esto añadió que “son un grupo muy diverso y en ello radica su riqueza y han sabido convivir desde la aceptación y el respeto. Se revuelven frente a las injusticias, son críticos y han defendido su posición desde la argumentación y el respeto cuando la razón estaba de su parte, y cuando no ha sido así, han sabido escuchar, aprender y rectificar”.

Por ello “les animo a que sigan siendo críticos con las injusticias, defendiendo su posición desde la convicción, el razonamiento, el tan valorado respeto y la tolerancia”, ahondó.

A su vez, recalcó que “son jóvenes preparados, capaces de observar, reconocer, analizar, escuchar y ser críticos, y sé de buena tinta que van a ser capaces de crecer como personas adultas justas, cultas, conscientes, tolerantes, respetuosas, con capacidad de gestión y decisión”.

Ansias de aprender e ilusión por sorprenderse

Del mismo modo, les aconsejó que “no se conviertan en animales de costumbres, que indaguen, aprendan, estudien, no entren en las rutinas del día a día, mantengan siempre el interés, positivismo y energía que tienen hoy en día y sobre todo las ansias de aprender y la ilusión por sorprenderse, cualidades tan características de esta promoción”.

“Atrévanse en cada paso, cada meta, cada logro que quieran realizar en su vida, sin dudar, en buscar apoyo para lograrlo. Y de igual manera ofrezcan apoyo a los que les rodean y les haga falta”, prosiguió.

Para terminar, sentenció que “su evolución no se detendrá y nuestro mayor deseo, aparte de que tengan éxito en sus vidas, es que pase lo que pase, lleguen donde lleguen, hagan lo que hagan, sigan siendo cariñosos”.

En esta línea, les apeló a que “nunca pierdan su esencia, su capacidad de dar, de compartir, de escuchar, de evolucionar, de querer, de emocionarse y emocionar; nunca olviden que han sido” y cerró su intervención recordándoles que “son y serán hijos de su cole, del Cisneros, y que, pasen los años que pasen, nuestras puertas permanecerán abiertas para ustedes por siempre. No podremos olvidarlos por todo lo que hemos recibido de ustedes. Siempre serán un capítulo muy importante de nuestras vidas. Ha sido un placer y un lujo haber sido su profesor. Y esta casa, el Cisneros Alter, ha sido y seguirá siendo su casa. Siempre que nos necesiten, aquí estaremos y los recibiremos con los brazos abiertos; ya vengan sólo para saludarnos, para pedir ayuda o para ayudarnos a nosotros, porque una parte de ustedes quedará aquí, entre nosotros y su huella será imborrable en nuestras mentes y en nuestros corazones”.

Acto seguido, el director del Cisneros, Héctor López Izquierdo, felicitó a los alumnos y al profesor Andrés Suárez Pestano por sus “emotivos discursos” y brindó unas “palabras de despedida de este curso, que no del Colegio” ya que, recurriendo al símil del tablero que usaron los representantes del alumnado de 2º de Bachillerato, enfatizó que su partida en el Cisneros no termina aquí sino que siempre seguirá en juego”.

Del mismo modo, transmitió la impresión del profesorado sobre este grupo, en el que, a modo de resumen, enumeró un amplio listado de calificativos que los definen entre los que citó “dinámicos, colaboradores, participativos, unidos, respetuosos, educados, humildes, con gran complicidad entre ellos, muy buen rollo” y un largo etcétera de virtudes a lo que se le suma el gran sentido de pertenencia e implicación con la filosofía del Cisneros, lo que, sin duda hará que “se les eche mucho de menos”.  Por todo ello, reiteró que el Colegio mantendrá siempre las puertas abiertas para ellos, así como para sus futuros hijos.

Como colofón, el fundador del Colegio, don Antonio López Bonillo, destacó la reciente concesión al Cisneros de la Medalla al Mérito Cultural por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, incidió en que este galardón es un reconocimiento no sólo al profesorado, sino a todos los que conforman y han formado parte de la comunidad educativa de este centro, desde su fundación hace más de 50 años.

Finalmente, don Antonio recibió como regalo el tablero que se convirtió en el eje conductor del discurso de los alumnos, que quedará expuesto en un lugar de honor del Colegio como recuerdo de esta promoción.

Seguidamente, se procedió a la imposición de becas y la entrega de diplomas a los nuevos graduados y la feliz velada concluyó con una cena en el Casino de Tenerife en la que también estuvieron presentes algunos exalumnos del centro, que se unieron a la fiesta.

A partir de ahora, para ellos comienza otro juego en otros tableros diferentes, pero, en el Cisneros confiamos plenamente, que el entrenamiento recibido en estos años les será de gran utilidad para seguir sorteando obstáculos y avanzando casillas.

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