El símbolo de la Santa Cruz en la ciudad que lleva su nombre

La primera Cruz de madera que, el día 3 de mayo de 1494, las huestes castellanas de Alonso Fernández de Lugo hincaron en la playa de Añazo para celebrar la Misa que conmemoraba la Fundación del Puerto y Lugar de Santa Cruz, permanecería muchos años en una pequeña plazuela, colindante con la actual iglesia de la Concepción, olvidada por unos y abandonada a su suerte por otros, soportando lluvia, sol y maresía, hasta que, en 1745, el Alcalde solicitó permiso al Obispo para entronizarla en la capilla del Santo Sudario que le había construido en lo que luego se llamaría Placeta de la Cruz.

Como en 1794 la pequeña capilla se encontraba en ruina, el Obispo autorizó su demolición, siendo la Cruz colocada junto a la puerta de entrada de la ermita de San Telmo donde permaneció, ante la indiferencia de los que, conociendo su historia, no fueron conscientes de su valor testimonial.

Sería en 1850, cuando el fraile dominico Lorenzo Siverio, valorando lo que aquel antiguo símbolo representaba para la población, la trasladó a la capilla del Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, a la vez que exclamaba: “Nadie presta hoy atención a esta vieja reliquia, pero llegará el día en que todos se la disputarán”.

Los habitantes de Santa Cruz comenzaron a sentir gran interés por el testigo fundacional de su historia cuando, en 1871, el alcalde don Emilio Serra y Ruz, inició los trámites para que fuera reconocida su titularidad municipal, pues la parroquia Matriz no veía con buenos ojos las pretensiones del Ayuntamiento; las autoridades de Marina alegaron que les pertenecía, pues San Telmo era la ermita de los marinos; y el Ayuntamiento de La Laguna también la reclamaba, alegando que debía estar en su Consistorio, junto al Pendón, por tratarse de una pieza fundamental en la historia de la Isla.

Por fin, el 19 de abril de 1873, la Comisión Provincial informó que la Cruz de la Conquista pertenecía de hecho y de derecho al Municipio de Santa Cruz de Tenerife, autorizando a recoger para su custodia todos los ornamentos que le pertenecían.

En el inventario de los enseres existentes en la ermita de San Telmo, dice: “La Cruz llamada de la Conquista, de madera de tiempo inmemorial, que se encuentra al lado del Evangelio, dentro de una urna de madera con cristales, y tiene un sudario de tafetán blanco. Para su adorno se utilizaban dos jarrones de China con filetes dorados y catorce faroles de vidrios de diversos colores”.

Tal como se había acordado, la Cruz quedó custodiada en San Telmo y, desde aquí, en la víspera de su festividad de mayo, se trasladaba a la iglesia de La Concepción, donde quedaba custodiada hasta el día 3, en que tenía lugar la ceremonia y luego la procesión por las calles del centro de la ciudad, acompañada de toda la Corporación Municipal y multitud de personas venidas de todos los puntos de la Isla.

En 1892, el Ayuntamiento, al comprobar el estado lamentable en que se encontraba la venerada reliquia, acordó que fuera incrustada convenientemente en buena madera e introducida en un relicario de madera, níquel y cristal, y que en su parte superior figurara repujado el escudo de armas de Santa Cruz y la inscripción: “Aquí se encierra la Cruz colocada por el conquistador de Tenerife Don Alonso Fernández de Lugo en el altar ante el cual se celebró por primera vez el Santo Sacrificio de la Misa en las playas de Añaza, día 3 de mayo de 1494. Fue costeada por el Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz en 1892. In hoc signos vincesn”.

En 1896, la Cruz Fundacional fue trasladada, de manera definitiva, a la Iglesia Matriz de Ntra. Sra. de la Concepción, donde recibe culto, comenzando a otorgársele a la conmemoración anual de su festividad un carácter institucional.

En 1903, con motivo del primer centenario de la concesión del título de Villa a Santa Cruz, el Ayuntamiento le encargó una peana o basamento que dignificaría los actos procesionales.

Cruz de Montañés

Como el Lugar y Puerto, denominado Santa Cruz, no tenía expuesto al público el símbolo epónimo por el que era conocido, Bartolomé Antonio Méndez Montañés, hijo y vecino del Lugar, capitán de forasteros, síndico personero, y uno de los más importantes comerciantes y navieros de la Villa, encargó (1759) al taller de Salvador de Alcaraz y Valdés, de Málaga, una Cruz de mármol que simbolizara dignamente el apelativo de esta población.

Su emplazamiento original  fue  la parte alta de la conocida entonces como Plaza de la Pila (La Candelaria), colocándola sobre un pedestal en grada del mismo material. En su base podía leerse: “A devoción y expensas de D. Bartolomé Antonio Montañés, capitán de forasteros y síndico personero de este puerto de Santa Cruz de Tenerife. Año de 1759”.

Cuando en 1929, se llevó a cabo la remodelación de la citada Plaza,  entonces llamada de la Constitución, la Cruz de Mármol se trasladó a la plaza de San Telmo, en el barrio del Cabo, encargándose del desmontaje y de la nueva instalación el escultor Francisco Granados.

Con la apertura de la calle Bravo Murillo y consiguiente desaparición de la plaza de San Telmo, este sagrado símbolo fue a parar a su actual emplazamiento, la Plaza de la Iglesia, junto a la parroquia matriz de Ntra. Sra. de la Concepción, en un espacio ajardinado, rodeada de una verja metálica.

Consideramos que la Cruz debería volver a su lugar original, extremo Oeste de la Plaza de la Candelaria.

Cruz de San Agustín

Los frailes agustinos que llegaron en 1494, acompañando a los castellanos, establecieron un Hospicio en las afueras de la Villa, actuales calles Puerta Canseco y San Francisco de Paula, mudándose más tarde a un descampado en el Toscal, situado en el camino Real que iba a Paso Alto, donde en 1744 fundaron hospicio, colocando en su fachada una gran Cruz de madera para señalarlo.

Lo que en principio fue una humilde fundación, pronto adquirió cierta relevancia pues recibió la ayuda de los vecinos, entre los que destacó el comerciante de origen francés Etienne Dufau, que en su testamento les dejó 400 reales para misas. Al suprimirse el hospicio, en 1767, en virtud de una Real provisión por la que estos establecimientos fueron prohibidos, los frailes se marcharon al convento que la Orden tenía en La Laguna.

En 1908, el historiador y pintor, Felipe Miguel Poggi y Borsotto, pidió al ayuntamiento la cesión de una pequeña parcela para construirle un santuario a la Cruz de San Agustín pero, el comandante de Ingenieros don Tomás Clavijo y Castillo, que había levantado su vivienda en el solar resultante del derribo del hospicio, se opuso a ello, seguramente, porque la citada capilla le quitaría la envidiable vista sobre la bahía.

Cuando la familia Rodríguez López levantó su mansión, en la actual calle de La Marina nº 57, la Cruz fue a parar a los depósitos municipales, de donde sería rescatada por la Asociación Luz y Vida, del barrio de El Toscal, y colocada en un bonito jardín, muy cerca de su emplazamiento original, sito en la confluencia de las calles de La Marina y San Francisco, mirando a la glorieta del arquitecto Marrero Regalado.

Cruz Verde

En la ciudad pervive otra cruz histórica que da nombre a la calle de la Cruz Verde, también conocida como calle de las Tiendas, porque en los siglos XVII y XVIII aglutinaba la mayor parte del comercio de Santa Cruz.

Esta Cruz se relaciona con el ataque de Nelson en 1797, ya que en aquella zona tuvieron lugar encarnizadas luchas callejeras en las que los milicianos tinerfeños acosaron a las tropas inglesas que habían logrado desembarcar y fueron obligadas a refugiarse en el cercano convento dominico de la Consolación.

En la procesión cívica del 25 de julio, al llegar frente a la Cruz, el concejal que llevaba el estandarte del Ayuntamiento se inclinaba en memoria de los defensores tinerfeños muertos en aquella Gesta.

Pero está documentado que, en 1761, ya existía una Cruz de tea, pintada de verde, cuyo origen podría estar relacionado con los descansos que se hacían durante el Vía Crucis callejero del Viernes Santo, entre la parroquia matriz de Ntra. Señora de la Concepción y la iglesia de San Francisco.

La citada Cruz Verde sería sustituida por otra de mármol, aunque seguiría llamándose igual, lo mismo que a la calle.

A finales del siglo XX, la Cruz de mármol se rompió, debido a un accidente, siendo repuesta por el Centro de Iniciativas y Turismo de esta capital, bajo la iniciativa de su presidente don Melchor P. Alonso.

Cruz del Señor

En la confluencia de caminos, formado por el de San Sebastián (actual Avenida de Bélgica) y el de La Laguna (avda. Islas Canarias) que surgió al construirse el puente Zurita, en 1754, se colocó una Cruz, como era costumbre en aquellos tiempos, para que sirviera de descanso al cortejo fúnebre cuando iba hacia el cementerio, puesto que el ataúd era llevado a hombros desde el domicilio del finado. Tiempo que se aprovechaba para rezarle una oración a la vez que se recobraba el aliento y se reponían fuerzas para continuar el viaje.

Cuando en 1940, en este lugar se creó la Parroquia, bajo la advocación de la Santa Cruz, recordando el primigenio nombre de la más antigua iglesia de la ciudad, el arraigo de la devoción popular a la humilde Cruz estaba tan identificado con el sentir del barrio que, sobre el nombre oficial de iglesia de la Santa Cruz, prevaleció el de iglesia de la Cruz del Señor, que nos habla del origen y nos recuerda la raíz de este barrio santacrucero.

Cruz de Santiago

En el escudo de la Muy Noble, Leal e Invicta Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, otorgado por Real Cédula el 28 de agosto de 1803, la insignia de la Orden de Santiago, de color rojo, que asoma detrás de la Cruz fundacional, y que atraviesa la tercera cabeza de león, se debe a que el día de la festividad del Apóstol, 25 de julio de 1797, los invasores ingleses fueron derrotados por las Milicias tinerfeñas, y Santiago fue nombrado compatrono de esta Ciudad.

La Cruz de Santiago que se encuentra en el risco de la altura de Paso Alto, fue una iniciativa del capitán Fernando Zerolo Davidson, en 1968, por ser Santiago el Patrón del Arma de Caballería.

En la actualidad, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, tiene a bien llevar su mantenimiento, de manera que su luz sirva de referencia a los viandantes y a los pasajeros de los barcos que nos visitan.

Texto: José Manuel Ledesma Alonso, cronista oficial de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife

 

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