Minibarcos para descubrir el mar.

El periódico »El Día» se hace eco de la noticia de la participación de nuestro Colegio en este importante proyecto educativo internacional.

Un grupo de estudiantes del Colegio Cisneros Alter de Tenerife participa en un proyecto educativo internacional para conocer mejor el funcionamiento del océano con la ayuda del IEO.

Un grupo de 28 estudiantes de secundaria del Colegio Cisneros Alter de Tenerife se ha convertido en astilleros y científico novel. Con sus propias manos – y la ayuda de sus profesores de Tecnología y de una exhaustiva guía de construcción – los adolescentes han creado una pequeña embarcación, bautizada como el «Cisne Alto«, para que sea sus ojos en el océano.

Esta pequeña embarcación forma parte de un programa divulgativa internacional llamado Miniboat de la Asociación para la Observación del Océano Global (POGO), en el que participa activamente el Centro Oceanográfico de Canarias del Centro Nacional Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC). Fueron precisamente los investigadores adscritos a esta institución los que animaron al colegio a soltar amarras y poner su granito de arena en este proyecto internacional.

«Al principio no lo teníamos muy claro», reconoce la coordinadora de este proyecto en el centro educativo, Violeta Goñi. Cuando el oceanógrafo del IEO Jesús Arrieta, se acercó al colegio a presentarles el proyecto, los docentes veían con cierta reticencia integrarse en el proyecto por el volumen de trabajo adicional que supondría tanto para ellos como para los estudiantes y porque se encontraban en pleno final de curso.

«Era una gran responsabilidad», explica Goñi. Pero pronto se dieron cuenta de que era una oportunidad única para que los alumnos se acercaran a la oceanografía y conocieran el mar que les rodea.

«Pronto nos dimos cuenta de que ellos estaban muy implicados», relata la profesora del centro educativo. «Ellos siempre iban por delante, cuando empezábamos la sesión ya se habían leído el dossier y muchas veces era yo la que preguntaba qué tarea tocaba», explica entre risas, corroborando que ha sido «una experiencia magnífica».

Este proyecto consta de diversas fases. En la fase preparatoria, la escuela y el IEO prepararon sus barcos y aprendieron sobre la iniciativa NoSoAT, un programa respaldado por la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. La construcción es una de las partes más importantes de este proyecto. Los alumnos deben repartirse las tareas para instalar en el pequeño buque varios paquetes de sensores en sus barcos (de temperatura, GPS y teléfono) para que cuando esté en el agua pueda trasladar todos esos datos en tiempo real. «Los alumnos cuentan con un kit que nos entrega el programa», explica Jesús Arrieta, quien insiste que el trabajo en el taller consta de diversas vertientes que ayudan a los alumnos a desarrollarse en distintas disciplinas. «Tienen que sellar, pintar, colocar la electrónica, básicamente cacharrear», resalta el investigador.

Durante la fase en vivo del proyecto, que se llevó a cabo a finales de septiembre, se desplegaron en zonas estratégicas de océano los cuatro minibarcos realizados en colegios de Irlanda, Sudáfrica, Alemania y Canarias. La embarcación responsable de llevar al Cisne Alto a buen puerto fue el buque alemán RV Polarstern, un rompehielos de gran envergadura en el que navegan varios investigadores de todo el mundo. Este barco también ha desplegado otros dos barcos y el último ha sido desplegado en el R/V Algoa. Una vez en el mar, los escolares tienen una conexión directa con el navío. A través de los sensores instalados en la pequeña embarcación, los alumnos pueden

El ‘Cisne Alto’ comenzó su travesía en septiembre a 1.000 kilómetros de Namibia.

Este proyecto consta de diversas fases. En la fase preparatoria, la escuela y el IEO prepararon sus barcos y aprendieron sobre la iniciativa NoSoAT, un programa respaldado por la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. La construcción es una de las partes más importantes de este proyecto. Los alumnos deben repartirse las tareas para instalar en el pequeño buque varios paquetes de sensores en sus barcos (de temperatura, GPS y teléfono) para que cuando esté en el agua pueda trasladar todos esos datos en tiempo real. «Los alumnos cuentan con un kit que nos entrega el programa», explica Jesús Arrieta, quien insiste que el trabajo en el taller consta de diversas vertientes que ayudan a los alumnos a desarrollarse en distintas disciplinas. «Tienen que sellar, pintar, colocar la electrónica, básicamente cacharrear», resalta el investigador.

Durante la fase en vivo del proyecto, que se llevó a cabo a finales de septiembre, se desplegaron en zonas estratégicas de océano los cuatro minibarcos realizados en colegios de Irlanda, Sudáfrica, Alemania y Canarias. La embarcación responsable de llevar al Cisne Alto a buen puerto fue el buque alemán RV Polarstern, un rompehielos de gran envergadura en el que navegan varios investigadores de todo el mundo. Este barco también ha desplegado otros dos barcos y el último ha sido desplegado en el R/V Algoa. Una vez en el mar, los escolares tienen una conexión directa con el navío. A través de los sensores instalados en la pequeña embarcación, los alumnos pueden conocer los datos de temperatura y el recorrido del barco por las corrientes marinas.

Porque el proyecto está dedicado, en especial, a divulgar los efectos de las corrientes en el océano.

El Cisne Alto (también conocido como Tall Swan) comenzó su travesía a unos 1.000 kilómetros de la Costa de Namibia y en los últimos días se ha desplazado unos 3.500 kilómetros al norte hasta llegar a unas aguas cercanas a Liberia, aunque se mantiene en medio del Atlántico. «Los niños han tenido que buscar información sobre las corrientes y vientos dominantes para encontrar el sitio más adecuado para que su minibarco no se estrellara», explica Arrieta, quien destaca «el esfuerzo» y la dedicación de los alumnos para conseguir que el viaje sea lo más largo posible.

El proyecto tiene una tercera fase. Si los barcos llegan a la costa, los estudiantes que lo siguen pueden conectarse con las escuelas y comunidades locales para organizar la recuperación, restauración y relanzamiento del barco en el lugar en el que encalle.

«Esto también brinda una oportunidad para que los estudiantes aprendan sobre otras culturas de todo el mundo, y tomen conciencia de la necesidad de colaborar a nivel global para mantener nuestros océanos», insiste Arrieta.

Mientras, en el Colegio Cisneros se respira «orgullo». «El hecho de formar parte de un proyecto mundial les ha incentivado mucho», señala Goñi. El centro educativo está tratando de seguir «exprimiendo» esta experiencia. «Muchos chicos están siguiendo el minibarco e intentan interpretar los datos que llegan desde los sensores», insiste Goñi, que asegura que esta experiencia ha sido muy gratificante.

Cisne Alto un minibarco con el que podrán aprender más sobre las corrientes marinas y el funcionamiento del océano, con datos que recoge en medio del Atlántico desde finales de septiembre.

Fuente: Periódico El Día – Verónica Pavés